Cada bien tiene un rótulo y un chip
El rotulado es el número con el que el Estado lo conoce. El microchip es lo que permite leerlo sin abrir un cajón ni copiar nada a mano.
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La vida de un bien del Estado, de punta a punta: entra por compra, donación, alta o adquisición; se rotula y se le pega un microchip; queda a nombre de alguien; se mueve, se repara y sale con autorización; se revalúa y se deprecia; y en cada paso deja el formulario oficial que corresponde.
El rotulado es el número con el que el Estado lo conoce. El microchip es lo que permite leerlo sin abrir un cajón ni copiar nada a mano.
Del FC01 al FC21: los formularios que exige el Manual de Normas y Procedimientos para los bienes del Estado. Salen de la operación que ya se registró, no de retipearla en una planilla.
Todo bien está en una ubicación, bajo una persona que firmó por él. Cuando se mueve, la responsabilidad se mueve con él, y eso también es un formulario.
Un bien no aparece en el inventario por generación espontánea. Llega por una compra, una donación, un alta o una recepción contra contrato, y el sistema le pide a cada una lo que después va a pedir la auditoría.
Fecha y número de mesa de entrada, número de carpeta, número y fecha de factura, ejercicio fiscal, orden de compra trabajo, ubicación y prefijo. Después los ítems: rotulado, descripción, marca, modelo, número de serie y valor unitario, sumando cada uno al total.
Un alta registra bienes incorporados por rubro presupuestario con la nota de pedido que los justifica. Una donación registra quién los entregó. Las dos terminan en el mismo lugar: ítems rotulados con su valor unitario, ubicados en una dependencia.
Una recepción contra contrato lleva su número de RP, su origen, la obra a la que pertenece, la factura con su total, el tipo de provisión y el instrumento, y el programa presupuestario que afecta. Desde ahí se enlaza hacia adelante.
Rotular es lo que convierte una línea de compra en un bien con identidad. Y el FC04 sale de la misma pantalla donde se establece el rotulado.
Por número de RP, por número de serie, o filtrando la lista por rotulado. Sistema anterior y sistema nuevo conviven, porque una institución no renumera todo su parque de un día para el otro.
Con o sin responsable, con la ubicación personalizada para la impresión, y con el número de MBU que exige la presentación: el último se sugiere solo.
Hay un reporte para exactamente esa pregunta. Porque una campaña de rotulado sólo termina cuando no queda nada afuera de la lista.
El chip tiene que quedar en un lugar fácil de ubicar, de conservar y de ver. El procedimiento está paso por paso, y termina donde tiene que terminar: con una prueba de lectura del microchip ya instalado.
Se conecta el lector por USB, se elige el rango de fechas de incorporación y se consultan los bienes. De ahí los datos bajan al dispositivo y vuelven cuando terminó la recorrida, y el botón de sincronizar sólo se habilita cuando hay algo que sincronizar.
Tres opciones en la pantalla principal, alcanzables con el dedo o con las teclas de función. Se acerca la terminal al bien y el chip responde. Las aplicaciones funcionan tanto en plataformas WinCE como Android, de modo que la institución no queda atada a una sola generación de equipos.
Las terminales con Windows CE y las terminales con Android leen los mismos chips, contra la misma base de datos y los mismos formularios. Un parque de equipos se puede renovar de a poco, sin detener el inventario.
Existen múltiples marcas y tamaños de handheld, y nuestra plataforma se ajusta a cada uno: las mismas operaciones entran en una pantalla ancha o en una angosta, sin dejar nada afuera.
Una lectura correcta muestra el código del chip en verde y, si hay un bien asociado, su descripción, su rotulado y su fecha de incorporación. Ahí mismo, parado delante.
Una captura fallida lo dice en rojo. Nadie se va creyendo que contó algo que no contó.
Se escribe el rotulado, se busca, y la terminal trae el bien. Desde ahí se le asigna un chip: así se chipea un parque que ya estaba rotulado, sin empezar de nuevo.
La planilla de responsabilidad individual —el FC10— es lo que convierte «la computadora de contabilidad» en un bien asignado a una persona con nombre, en una ubicación con nombre, con el cargo que ocupa.
Un FC10 nuevo puede copiar sus datos desde otro FC10. Cuando cambia el ocupante de un cargo y el mismo conjunto de bienes se mueve con él, esa es la diferencia entre una tarde y un minuto.
Un traspaso se regulariza con un FC11, y el FC10 imprime al lado su FC11 relacionado. El rastro en papel coincide con lo que pasó.
Un formulario de movimiento múltiple declara la ubicación de destino, la estructura, el responsable y su cargo, el tipo de movimiento y el estado en que están los bienes. Después se agregan tantos como hagan falta, de a un rotulado o buscando en el fichero.
El movimiento interno nombra la dependencia remitente y la destinataria, y cada línea declara su motivo: inservible, préstamo, transferencia o faltante. Tres firmas al pie, y las copias van adonde tienen que ir.
Una autorización de salida registra qué bienes salen, bajo la responsabilidad de quién y contra qué proveedor cuando va a reparación. Y tiene su propio formulario de devolución, el FC17, para que nada salga sin forma de volver.
Cada operación —FC10, FC11, movimientos, recepciones, adquisiciones, compras, donaciones, altas— tiene un estado de transacción que se finiquita, y que se puede desfiniquitar cuando hay que corregir algo.
Primero se define el coeficiente del ejercicio fiscal, con su descripción y sus fechas de inicio y fin. Después corre el revalúo, sobre todo el parque o sobre una ubicación o un bien, y se puede correr como simulacro antes de correrlo en serio.
De un lado, la serie oficial. Del otro, los reportes de los que vive de verdad una oficina de patrimonio.
El informe de presentación del FC04 se configura antes de imprimir: cuenta, período de presentación a Hacienda, filtro por fecha o por número de RP, separar por subcuentas, interlineado, logotipo institucional o de gobierno nacional, y hasta un filtro por bienes que contengan una palabra.
Tipo de bien, vida útil, descripción, medida, marca y modelo, cuenta patrimonial. Y una marca que dice si ese bien requiere microchip, porque no todos lo requieren.
Un proyecto de obra se costea por partes —materiales, mano de obra, gastos indirectos, construcción, instalaciones, equipamiento general— con sus fechas de iniciación y terminación, su ubicación y su cuenta patrimonial de construcciones para uso institucional.
Cuéntenos cuántos bienes tiene y en cuántas ubicaciones. Le mostramos el mismo conteo hecho con un lector en la mano, y los formularios FC saliendo al final.
Patrimonio comparte ficheros de proveedor, ubicación y cuentas con el sistema de almacenes, y la salida patrimonial es lo que conecta a los dos.